La Santificación: El Camino de Dios para Transformarnos

Por Juan Bacarreza

– La vida cristiana no termina con la salvación. Cuando recibimos a Cristo, somos salvos por gracia, no por nuestros méritos. Luego damos testimonio público de nuestra fe a través del bautismo. Pero después de ese paso comienza un proceso continuo: la santificación.

La santificación es la obra de Dios en nosotros para hacernos cada día más parecidos a Cristo. No es algo instantáneo ni algo que podamos producir con nuestras propias fuerzas. Es un camino en el que Dios va formando nuestro carácter, corrigiendo nuestras motivaciones y acercando nuestra vida a la verdad de su Palabra.

Muchas veces existe una lucha entre lo que la Biblia dice y lo que sentimos. Sabemos que Dios es fiel, pero nuestras emociones pueden llevarnos a dudar. Sabemos que debemos perdonar, amar y confiar, pero no siempre nos resulta fácil vivirlo. Por eso necesitamos aprender a no ser guiados solamente por las emociones, sino por la verdad de Dios.

Jesús advirtió contra una religión basada solo en apariencias. Hablando de los fariseos dijo:

Mateo 23:2-4

“Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés. Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan. Pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan. Aplastan a la gente bajo su peso de exigencias religiosas insoportables y jamás mueven un solo dedo para levantar esa carga.”

El problema no era conocer la Palabra, sino vivir una fe externa sin un corazón transformado. También Jesús contó la historia del fariseo y el cobrador de impuestos. El fariseo confiaba en sus obras, pero el cobrador de impuestos reconocía su necesidad de misericordia.

Lucas 18:13-14

“En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a distancia. Ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo mientras oraba. En cambio, se golpeaba el pecho en señal de dolor y decía: ‘Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy pecador’. Les digo que fue este pecador, y no el fariseo, quien regresó a su casa justificado delante de Dios.”

El fruto espiritual no se fabrica. El amor, la paciencia, la bondad y la paz son fruto del Espíritu Santo. Cuando intentamos aparentar espiritualidad para agradar a otros, terminamos viviendo una fe forzada. Pero cuando permanecemos en la presencia de Dios, Él produce fruto verdadero en nosotros.

Por eso necesitamos tener un altar personal: un lugar de encuentro con Dios, de oración, rendición y transformación. La Biblia dice:

2 Corintios 3:16-18

“En cambio, cuando alguien se vuelve al Señor, el velo es quitado. Pues el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Así que todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a Él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.”

También necesitamos comunidad. Nadie crece solo. Dios usa a otros creyentes para animarnos, corregirnos y ayudarnos a madurar.

Efesios 4:13-15

“Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor… En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo.”

Aun las pruebas forman parte del proceso. Dios usa las circunstancias para sacarnos de nuestra comodidad y recordarnos que dependemos de Él.

Romanos 8:28-29

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que tiene para ellos. Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser semejantes a la imagen de su Hijo.”

Así como Abraham obedeció sin conocer todo el camino, nosotros también somos llamados a caminar dependiendo de Dios cada día.

Génesis 12:1

“El Señor le había dicho a Abram: ‘Deja tu patria y a tus parientes y a la familia de tu padre, y vete a la tierra que yo te mostraré.’”

La santificación es Dios trabajando en nosotros. Aunque todavía fallamos y no tenemos todas las respuestas, estamos en proceso. Y mientras caminamos con Cristo, Él sigue formando su imagen en nuestra vida.

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