Erick Larios – David sabía lo que significaba ser pastor. Había cuidado ovejas y conocía su dependencia para encontrar alimento, agua, dirección y protección. Por eso, cuando comienza el Salmo 23 diciendo “Jehová es mi pastor; nada me faltará”, está haciendo una declaración profundamente personal de confianza.
No dice simplemente que Jehová es un pastor, sino “mi pastor”. Su seguridad no estaba en lo que poseía, sino en quién lo guiaba. La oveja no necesita saber dónde estará el alimento mañana; necesita permanecer cerca del pastor que conoce el camino. De la misma manera, “nada me faltará” no significa que tendremos todo lo que deseamos, sino que podemos confiar en que Dios conoce aquello que verdaderamente necesitamos.
El Salmo también presenta a un Pastor que nos hace descansar. “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.” Dios no está interesado solamente en cuánto hacemos o producimos. Él conoce nuestro cansancio y sabe cuándo necesitamos detenernos. En ocasiones, descansar y reconocer que todo no depende de nosotros es también un acto de fe.
Pero Jehová Rohi no solamente provee y restaura; también dirige. “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia.” Como las ovejas, nosotros también podemos desviarnos en nuestras decisiones, prioridades y relación con Dios. El buen Pastor no abandona a la oveja que pierde el camino: la busca, la restaura y la conduce nuevamente.
Por eso David también encuentra consuelo en la vara y el cayado. El cuidado de Dios puede manifestarse tanto en su protección como en su corrección. Nos gusta pensar en un Pastor que nos consuela, pero también necesitamos al Pastor que nos redirige. Incluso algunas puertas cerradas pueden ser su cayado alejándonos de aquello que podría hacernos daño.
Entonces aparece el valle: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.” Seguir al Pastor no significa vivir sin sufrimiento. La promesa del Salmo no es que nunca habrá valles, sino que nunca tendremos que atravesarlos solos. En los pastos verdes aprendemos acerca de Dios; muchas veces, en los valles aprendemos a conocer más profundamente su presencia.
Más adelante, David describe una mesa preparada en presencia de sus enemigos. La oposición continúa allí, pero también continúa el cuidado de Dios. Nuestra paz no necesita depender de que desaparezcan todos los problemas; puede descansar en la certeza de que el Pastor permanece con nosotros en medio de ellos.
Finalmente, el Salmo comienza con un Pastor y termina en una casa: “Y en la casa de Jehová moraré por largos días.”Jehová Rohi no solamente nos acompaña durante el camino; tiene un destino para sus ovejas.
Esta imagen alcanza su expresión más completa en Jesús: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Jesús conoce a sus ovejas, las llama, las guía y dio su propia vida por ellas. El Pastor murió para que sus ovejas pudieran llegar a casa.
Por eso, la gran pregunta del Salmo 23 no es solamente si existe un Pastor, sino: ¿es Él mi Pastor? Podemos conocer el Salmo de memoria y todavía intentar dirigir nuestra propia vida.
Jehová Rohi nos invita a escuchar su voz y seguirlo. Él conoce nuestras necesidades, restaura nuestra alma, corrige nuestro camino, camina con nosotros por el valle y nos acompaña hasta el final.
Podemos confiar en Jehová Rohi porque el Pastor que conoce el camino también nos conoce a nosotros, camina con nosotros y nos conducirá hasta casa.

