Pastor Gustavo Ceballos – La historia comienza junto al mar de Galilea. Simón Pedro y Andrés están realizando el trabajo de todos los días cuando Jesús aparece y les hace una invitación que cambiaría sus vidas: “Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres” (Marcos 1:17). La respuesta fue inmediata: “Al instante dejaron las redes y lo siguieron” (Marcos 1:18). Pasted text
Para ellos, aquella invitación tenía un significado especial. Seguir a un rabino era convertirse en su discípulo: caminar con él, aprender de él y llegar a vivir como él. Por eso Jesús no estaba simplemente invitándolos a escuchar algunas enseñanzas. Los estaba llamando a reorganizar completamente sus vidas alrededor de Él.
Eso también cambia nuestra manera de entender el discipulado. Jesús no nos llama solamente a conocer la Biblia, asistir a la iglesia o identificarnos como cristianos. Nos invita a ser sus aprendices. Y ese camino puede resumirse en tres grandes prioridades: estar con Jesús, ser como Jesús y hacer lo que Jesús hizo.
Estar con Jesús
Cuando Jesús escogió a los doce, Marcos dice que los llamó “para que lo acompañaran” (Marcos 3:14). Antes de enviarlos a hacer algo, Jesús quería que estuvieran con Él.
Los discípulos aprendieron caminando con Jesús. Lo escucharon, observaron cómo trataba a las personas y compartieron con Él los momentos extraordinarios y también los cotidianos. De la misma manera, nosotros necesitamos aprender a reconocer la presencia de Jesús en nuestra vida diaria.
Pablo dice: “Oren sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Esto no significa permanecer todo el día de rodillas, sino vivir conscientes de la presencia de Dios. Podemos trabajar, conducir, estudiar, cocinar o tomar un café mientras conversamos con Él y recordamos sus palabras.
Jesús no nos llama solamente a conocer acerca de Él, sino a conocerlo a Él. Y conocemos a alguien pasando tiempo en su presencia.
Ser como Jesús
La segunda prioridad del discípulo es llegar a ser como Jesús. Pero la transformación no ocurre solamente porque tengamos buenas intenciones. Necesitamos práctica.
Jesús dijo: “Todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24). No basta escuchar sus palabras; necesitamos aprender a vivirlas.
Podemos compararlo con alguien que quiere correr una maratón. No puede hacerlo de un día para otro: necesita comenzar poco a poco y entrenarse. Nuestra vida espiritual funciona de manera parecida. Seguir a Jesús no se trata solamente de intentar más, sino de entrenarnos para vivir como Él.
La oración, la lectura de la Palabra, el descanso y otras prácticas espirituales nos ayudan en ese proceso. Si nunca hemos desarrollado una vida de oración, podemos comenzar con unos minutos cada día. Lo importante es comenzar y perseverar.
Hacer lo que Jesús hizo
Jesús también dijo: “El que cree en mí hará también las obras que yo hago” (Juan 14:12). Sus discípulos no fueron llamados solamente para observarlo, sino para participar de su misión.
Jesús sirvió, escuchó, consoló, enseñó, restauró vidas y llevó esperanza. Nosotros también podemos hacerlo. Podemos escuchar a quien está pasando por un momento difícil, servir a alguien, reconciliarnos, compartir nuestra fe o mostrar el amor de Cristo en nuestro hogar y comunidad.
El proceso está conectado: estamos con Jesús para llegar a ser como Jesús, y aprendemos a ser como Jesús para hacer lo que Jesús hizo.
Aprender a caminar
Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). El discipulado es precisamente eso: un camino. No tenemos que transformarnos de un día para otro. Necesitamos comenzar a caminar con Él.
Parte de ese camino también significa aprender a detenernos. Jesús dijo a sus discípulos: “Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco” (Marcos 6:31). En medio de tantas responsabilidades y distracciones, necesitamos crear espacios para escuchar a Dios, descansar y disfrutar de su presencia.
Quizás necesitamos apagar el teléfono por algunos minutos, comenzar el día en oración, leer lentamente un pasaje de la Biblia o simplemente guardar silencio delante de Dios. Son pequeños pasos que van formando nuestra vida.
Dejar las redes
Pedro y Andrés tuvieron que dejar sus redes para seguir a Jesús. Nuestras redes pueden ser diferentes: comodidad, orgullo, necesidad de control, distracciones o prioridades que han ocupado el lugar de Dios.
Jesús dijo: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga” (Lucas 9:23).
La invitación es para “alguien”. No solamente para quienes conocen mucho de la Biblia o sienten que tienen su vida espiritual resuelta. Jesús nos encuentra exactamente donde estamos y desde allí nos dice: “Sígueme”.
No tenemos que correr una maratón espiritual mañana. Podemos comenzar dando un paso hoy: unos minutos de oración, un momento en la Palabra, una conversación que necesita reconciliación, un acto de servicio o una distracción que necesitamos dejar.
Jesús continúa haciendo la misma invitación que hizo junto al mar de Galilea: “Vengan, síganme” (Marcos 1:17).
Seguirlo significa reorganizar nuestra vida alrededor de tres prioridades sencillas pero profundas: estar con Jesús, ser como Jesús y hacer lo que Jesús hizo.
Porque el cristianismo no consiste solamente en creer algo acerca de Jesús. Es aceptar su invitación a caminar con Él cada día.

