“Los que conocen tu nombre confían en ti, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan.” (Salmos 9:10)
Pastor Gustavo Ceballos – Cuando pensamos en Dios, cada persona suele tener una imagen diferente. Nuestra cultura, experiencias y enseñanzas influyen en el concepto que hemos formado de Él. Sin embargo, la Biblia nos invita a conocer a Dios no a través de nuestras ideas, sino por medio de los nombres con los que Él mismo decidió revelarse. Cada nombre revela un aspecto de su carácter y de la manera en que desea relacionarse con nosotros. Conocer esos nombres no es solo adquirir información; es aprender a confiar más profundamente en Él.
Conocer a Dios fortalece nuestra confianza
El Salmo 9:10 declara: “Los que conocen tu nombre confían en ti, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan.” La confianza siempre nace de una relación. Nadie entrega algo valioso a un desconocido. De la misma manera, muchas veces nuestras dificultades para obedecer a Dios o dar pasos de fe tienen su raíz en que aún no lo conocemos como Él desea darse a conocer. Cuando descubrimos quién es Dios, crecen la paz, la esperanza y la seguridad de que podemos confiar en Él aun en medio de la incertidumbre.
El teólogo A. W. Tozer escribió que “lo que viene a nuestra mente cuando pensamos en Dios es lo más importante acerca de nosotros.” La manera en que vemos a Dios termina moldeando nuestra forma de vivir. Por eso es tan importante permitir que sea la Palabra de Dios la que forme nuestra comprensión de quién es Él.
En la Biblia, los nombres tenían un significado mucho más profundo que una simple identificación. Abram fue llamado Abraham porque Dios lo convertiría en padre de muchas naciones. Isaac significa “risa”, recordando el milagro de su nacimiento. Moisés significa “rescatado de las aguas”, anticipando el propósito que Dios tenía para su vida. De la misma manera, los nombres de Dios revelan su identidad y su obra.
La primera referencia a Dios en la Biblia es Elohim. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1). Elohim presenta a Dios como el Creador y Todopoderoso. Sin embargo, es un título más que un nombre personal. Describe lo que Dios hace, pero todavía no revela plenamente quién es. Dios deseaba que su pueblo tuviera una relación personal con Él, no solamente que conociera su poder.
El Dios que escucha y llama
Éxodo 2:23-25 muestra que Dios escuchó el clamor de Israel y decidió actuar en el momento oportuno. “Con el paso de los años, el rey de Egipto murió, pero los israelitas seguían gimiendo bajo el peso de la esclavitud. Clamaron por ayuda, y su clamor subió hasta Dios. Dios oyó sus gemidos y se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob. Miró desde lo alto a los hijos de Israel y supo que ya había llegado el momento de actuar.”
Mientras el pueblo sufría en Egipto, Moisés llevaba cuarenta años en el desierto. Todo parecía indicar que su historia había terminado, pero Dios no había olvidado el propósito para su vida. Cuando Moisés vio la zarza ardiendo, decidió acercarse. Entonces la Escritura dice: “Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba para mirar, Dios lo llamó de en medio de la zarza…” (Éxodo 3). Muchas veces Dios también llama nuestra atención en medio de la rutina. La pregunta es si estaremos dispuestos a detenernos y acercarnos para escuchar su voz.
“Yo Soy el que Soy”
Cuando Moisés preguntó cuál era el nombre del Dios que lo enviaba, recibió una de las revelaciones más importantes de toda la Biblia: “YO SOY EL QUE SOY… Diles esto al pueblo de Israel: ‘YO SOY me ha enviado a ustedes’.” (Éxodo 3:14). Este nombre revela al Dios eterno, el que siempre ha existido y cuya presencia permanece con su pueblo. No es un Dios distante, sino uno que escucha, habla y actúa.
Más adelante, Dios mismo describió su carácter: ”¡Yahvé! ¡El Señor! Dios compasivo y misericordioso. Soy lento para enojarme y estoy lleno de amor inagotable y fidelidad.” (Éxodo 34:6). No solo conocemos su poder, sino también su corazón.
El Nuevo Testamento muestra que Dios se dio a conocer de manera definitiva en Jesucristo. “Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14). Pablo también afirma: “Para nosotros hay un solo Dios, el Padre… y un solo Señor, Jesucristo.” (1 Corintios 8:5-6). En Jesús vemos el carácter del Dios que desea ser conocido y en quien podemos confiar plenamente.
Conocer para confiar
La vida cristiana no consiste únicamente en aprender información acerca de Dios, sino en conocerlo personalmente. Cada nombre que encontramos en la Biblia nos revela una nueva faceta de su carácter y fortalece nuestra confianza en Él. Cuanto más conocemos quién es Dios, más podemos descansar en sus promesas y caminar con la certeza de que Él permanece fiel.
Porque, como afirma el salmista: “Los que conocen tu nombre confían en ti.” (Salmos 9:10). Conocer a Dios siempre será el primer paso para aprender a confiar en Él.

