Pastor Gustavo Ceballos –
2 Reyes 17:1
“Tan cierto como que vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo, no habrá rocío ni lluvia durante los próximos años hasta que yo dé la orden.”
La historia de Elías ocurre en uno de los períodos más difíciles de Israel. La nación se había alejado de Dios y estaba bajo la influencia del rey Acab y su esposa Jezabel, quienes promovían la adoración a Baal, considerado el dios de la lluvia y las cosechas. En medio de esa oscuridad espiritual, Dios levantó a un solo hombre para declarar Su verdad.
Elías no era un rey ni un militar poderoso. Provenía de una pequeña ciudad, pero Dios usó su fe para confrontar a toda una nación. Esto nos recuerda que Dios no necesita grandes recursos ni grandes multitudes para cumplir Sus propósitos; Él puede comenzar con una sola persona dispuesta a obedecer.
Después de anunciar la sequía, Dios envió a Elías al arroyo de Querit y le prometió que sería alimentado por cuervos. Aunque parecía una forma extraña de provisión, Dios demostró que puede suplir nuestras necesidades de maneras inesperadas. Muchas veces la bendición llega por caminos que no habíamos imaginado, y si no estamos atentos, podemos pasarla por alto.
Sin embargo, llegó el momento en que el arroyo se secó. Dios había usado ese lugar para proteger y preparar a Elías, pero ahora era tiempo de avanzar. A veces el Señor permite que ciertas etapas terminen porque quiere llevarnos a una nueva dimensión de fe y propósito.
Entonces Dios envió a Elías a Sarepta, donde una viuda sería quien lo sostendría. Cuando llegó, descubrió que aquella mujer apenas tenía un puñado de harina y un poco de aceite, suficientes para una última comida antes de quedarse sin nada.
Pero Dios obró precisamente a través de esa escasez.
2 Reyes 17:14
“Siempre habrá harina y aceite de oliva en tus recipientes hasta que el Señor mande lluvia.”
La viuda obedeció y experimentó un milagro. La harina no se agotó y el aceite nunca faltó. Lo poco que tenía en sus manos se volvió suficiente cuando fue puesto en las manos de Dios.
Este principio aparece una y otra vez en la Biblia. David venció a Goliat con una piedra. Gedeón derrotó a un ejército con apenas trescientos hombres. Jesús alimentó a cinco mil personas con cinco panes y dos peces. Dios toma lo pequeño y lo convierte en algo extraordinario.
Por eso no debemos menospreciar lo que tenemos hoy. Quizás parezca poco: un talento, una oportunidad, una palabra de ánimo, un recurso limitado o una fe pequeña. Pero cuando lo entregamos al Señor, Él puede multiplicarlo mucho más allá de lo que imaginamos.
Lo que para nosotros parece insuficiente, para Dios es más que suficiente.

